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Caravana Arte por la Vida: una respuesta creadora

A pocas horas de la grosería telúrica que nos dejó terremoteados a los habitantes de Manabí, y Esmeraldas, Nixon García y Rocío Reyes, fundadores del grupo de teatro La Trinchera de Manta, lanzaron una convocatoria a todos los actores, músicos, acróbatas y artistas que quisieran embarcarse en una caravana que partía a visitar a los más afectados por el sismo 7.8 del 16 de abril, 2016.

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Nixon había escrito, en medio de la intensidad, un breve y bello texto dramatúrgico que pone en escena a Doña Piedad y Don Marcial, personajes acuñados por La Trinchera desde hace tiempo. El diálogo de los dos viejos reflexiona sobre los desastres naturales, sus causas, las respuestas religiosas o supersticiosas -siempre culposas- que la gente da ante estos acontecimientos. La explicación razonable de Doña Piedad brindó un espacio para la moderación y el alivio, porque no era justo que, sobre que nos quedamos sin casa, perdimos todo, estábamos a la intemperie, encima ¡debíamos sentirnos culpables de los que nos pasó! No, no, y no…. insistía Doña Piedad.

Luego los dos viejos visitaron sus recuerdos de terremotos pasados: el de 1998 en Bahía, el de 1942 en Ambato y es ahí cuando Doña Piedad recuerda que, ese fue el año en que ella, aún niña, había ido con su madre a visitar a parientes en Ambato. Fue entonces cuando vió por primera vez llegar al Circo. Con la mención de la palabra “Circo” bajaron del bus más de 40 actores en escena (el escenario en realidad era la polvorienta y trizada cancha de Don Juan) todos eran artistas circenses: había payasos, osos amaestrados, equilibristas, bailarinas, músicos y trapecistas. Cuando la función circense llegó a su clímax, entró una banda de músicos profesionales con una calidad de sonido brillante y una canción alegre que nos puso a bailar a todo el pueblo. En un momento, cuando todos girábamos tomados de las manos, volteamos a mirarnos: estábamos sonrientes, los niños saltaban y todos bailábamos conteniendo las lágrimas por tanta conmoción.  En ese instante nos convertimos en comunidad: eso que nos había sucedido, nos había sucedido a todos juntos, lo que habíamos pasado nos había cambiado…. Y es así cómo el arte restableció a todo un pueblo de pescadores a la salud mental.
Gracias amigos de La Trinchera y gracias a todos los que se embarcaron en la caravana de Arte por la vida.
Esta caravana continuó por varios meses visitando albergues y refugios.

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